Pequeña bailarina de 14 años
Pequeña bailarina de 14 años
Bronce
Edgar Degas
 
 
El Barreño
El Barreño
Pastel sobre cartón
Edgar Degas
 
 
Bailarina mirando la planta de
su pie derecho / Segundo estudio
Bailarina mirando la planta de su pie derecho / Segundo estudio
Bronce
Edgar Degas
 
 
Dos estudios de jinete
Dos estudios de jinete
Aguada y gouanche
Edgar Degas
 
 
Cuatro bailarinas en escena
Cuatro bailarinas en escena
Óleo sobre lienzo
Edgar Degas
 
 

Degas: Procesos de Creación

La mirada moderna y el viejo Arte

El pasado 13 de octubre se abrieron al público las nuevas salas de exposiciones del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, en el Paseo de Recoletos, y desde entonces puede visitarse en su planta 0 una completa monográfica dedicada a las distintas facetas del legado de Degas. La muestra, que pretende explorar su fascinante actividad creativa de manera global y más allá de su condición de “pintor”, reúne un total de 73 esculturas, 6 óleos, 13 pasteles, 14 dibujos, 13 grabados y 3 fotografías.

Nacido en el seno de una familia culta y adinerada, el joven Degas se interesó muy pronto por los dominios de la creación artística. Se formó en el más puro academicismo, anclado en los cánones tradicionales, pero en pocos años, contagiado por la brisa de modernidad que soplaba en el París del último tercio del s.XIX e influido especialmente por Manet y su círculo, su hacer derivaría en el estilo singular y exuberante que hoy conocemos.

Expuso sistemáticamente junto a los Impresionistas y compartió con ellos el interés por la luz, la percepción o el movimiento, así como la voluntad de trasladar al lienzo sus “impresiones” visuales. Sin embargo, nunca se consideró parte del grupo, ya que, más allá de sus preocupaciones y rasgos comunes, el credo estético de Degas siempre se mantuvo mucho más apegado al clasicismo, al volumen y, sobre todo, al dibujo. Profundo admirador de Ingres y los maestros italianos del trecento y el quattrocento, persiguió la belleza a través de la pureza formal de la línea, y en ella fundamentó siempre la estructura compositiva de sus obras.

Los carboncillos y pasteles se convirtieron, desde el inicio de su formación, en su herramienta predilecta, y el dibujo en el modo más intenso e inmediato de relacionarse con el mundo. Esta incesante e insistente actividad le permitía acercarse no sólo a los grandes artistas del pasado, sino a la realidad que le rodeaba, un ambiente dinámico y efervescente que él aspiraba a captar con la máxima veracidad y frescura posibles.

De esta misma necesidad de aproximarse a los distintos fragmentos de la realidad y traducir sus elementos en términos plásticos, nació su actividad como escultor. Aunque la historiografía romántica y legendaria atribuye el inicio de esta práctica a la progresiva pérdida de visión que sufrió en los últimos años de su vida, lo cierto es que la escultura ya interesaba a nuestro autor desde mucho tiempo atrás.

Degas modelaba constantemente pequeñas figurillas en cera con el fin de estudiar las distintas posturas y movimientos corporales, apropiándose al mismo tiempo de todos sus puntos de vista. Junto a su inmensa colección de dibujos, estos modelos tridimensionales constituían una inagotable fuente de bocetos. Siembre utilizaba materiales blandos como la arcilla o la cera, que le permitían manipular los volúmenes de forma más directa, espontánea y maleable, y rechazaba el fundido en bronce por considerarlo un material excesivamente contundente y definitivo.

Sin embargo, su condición de “ejercicios” o elementos de estudio a penas ensombrece su valor como obras de arte en sí mismas, ya que cada una de ellas irradia una fuerza expresiva autónoma cargada de naturalismo, belleza y audacia. Esta producción se mantuvo prácticamente oculta hasta la muerte del artista, y fue entonces cuando se decidió fundir en bronce la mitad de las esculturas encontradas en su taller.

Sólo una había sido presentada al público parisino: la pequeña bailarina de 14 años, que se exhibió en 1881 con motivo de la VI Exposición Impresionista. Se trata de la única pieza acabada, concebida no como boceto sino como obra final, y representa una niña vestida con tutú de tela y zapatillas, cuyo asombroso verismo se ve acentuado, además, por la utilización de ojos vítreos y cabello natural anudado en una trenza con un lazo. El acabado rugoso y expresionista de la superficie y el tratamiento descarnado de sus rasgos (interpretados entonces, según las teorías fisionomistas criminológicas en boga, como delatores de una turbia condición moral) provocaron un gran escándalo. Solo unos pocos supieron apreciar, al margen de sus connotaciones, la brillante modernidad de la pieza y el desafío que lanzaba a las técnicas escultóricas convencionales. Una versión en bronce de esta jovencísima y desconcertante bailarina constituye uno de los hitos de la exposición.

Otro de los puntos de discordancia entre Edgar Degas y los impresionistas se sitúa, precisamente, en la elección de los temas. Él definió su universo personal e iconográfico en torno a dos grandes obsesiones: los hipódromos y los espectáculos de ballet. La representación de caballos le permitía dar rienda suelta a sus investigaciones sobre el movimiento, enlazando con las secuencias fotográficas de Muybridge, mientras que en las escenas de ballet podía explorar a su antojo el colorido desbordante de los trajes, los efectos mágicos de la luz artificial y el inagotable juego de perspectivas que ofrecía aquel particular microcosmos. Del tema de las bailarinas derivó una dimensión más íntima: la de las toilettes, retratando a las mujeres durante su aseo personal.

En los distintos temas que trata, Degas actúa como un auténtico voyeur, un cronista de su realidad, del mismo modo que lo sería, bajo su influencia, Toulouse-Lautrec, aunque aquel con una mirada mucho más fría y objetiva, casi fotográfica. De hecho, al igual que en la mayor parte de los grandes pintores de la época, el influjo de la fotografía es muy evidente en su obra, especialmente en el concepto de “instantánea”, el carácter anitiliterario de las imágenes y, sobretodo, en la elección de los “encuadres”.

Fue un auténtico maestro de la composición e introdujo en la pintura perspectivas insólitas, descentradas, oblicuas e inmensamente atrevidas, y ángulos inéditos, procedentes no sólo de la fotografía sino de la estampa japonesa. La genialidad de Degas reside precisamente en su capacidad de conjugar esta nueva forma de mirar, tan rabiosamente contemporánea, con los pilares de la pintura clásica (dibujo, claroscuro, perspectiva…). Todo en sus composiciones está sólidamente estructurado y las distintas líneas de fuerza minuciosamente definidas, respondiendo a la seriedad, el rigor y la disciplina con que Degas afrontaba su trabajo.

El objetivo de esta sugerente monográfica es, precisamente, indagar en su proceso creativo a través de las distintas dimensiones que entraban en juego según los elementos, lenguajes y técnicas que utilizaba: dibujos, pasteles, esculturas, grabados, óleos… y reflexionar sobre su obra y su concepto de experimentación a partir de la interrelación de todas sus facetas.

Para ello se han reunido la colección completa de esculturas fundidas en bronce (procedente del Museo de Arte de Sao Paulo) y un gran número de pasteles, dibujos, óleos y monotipos pertenecientes fundamentalmente a las colecciones del Museo de Orsay, el Museo del Louvre, la Biblioteca Nacional de Francia, la Philips Collection de Washington y la Kunsthalle de Hamburgo.

En la redacción del catálogo se ha dado cita un gran número de expertos, y el proyecto, que pretende ofrecer una visión renovada y completa del artista en todas sus facetas, comprende una recopilación de textos y testimonios de sus contemporáneos, así como una rigurosa selección bibliográfica y una detallada cronología. Asimismo, la exposición se completa con una oferta de actividades didácticas y talleres, y los contenidos de la muestra pueden conocerse y ampliarse en la página web de la Fundación.

DEGAS, El proceso de la creación

Hasta el 6 de enero de 2009

Nuevas salas de la Fundación Mapfre

Paseo de Recoletos 23

Lunes, de 14.00 a 20.00 h; De martes a sábado, de 10.00 a 20.00 h; Domingos y festivos, de 12.00 a 20.00 h

Larisa Salas Roa

 

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