Los lobos (Guerra de los Balcanes), 1913
The Wolves (Balkan War)
Óleo sobre lienzo, 70,8 x 139,7 cm
Albright-Knox Art Gallery, Buffalo, Nueva York. Charles Clifton, James G. Forsyth and Charles W. Woodyear Funds
Los lobos (Guerra de los Balcanes), 1913 The Wolves (Balkan War) Óleo sobre lienzo, 70,8 x 139,7 cm Albright-Knox Art Gallery, Buffalo, Nueva York. Charles Clifton, James G. Forsyth and Charles W. Woodyear Funds
Franz Marc
 
 
Lírico, 1911
Lyrically
Óleo sobre lienzo. 94 x 130 cm
Museum Boijmans Van Beuningen, Rotterdam
Lírico, 1911 Lyrically Óleo sobre lienzo. 94 x 130 cm Museum Boijmans Van Beuningen, Rotterdam
Wassily Kandinsky
 
 
Cañón en acción, 1915
Cannon in Action
Óleo sobre lienzo. 50 x 60 cm
Mart - Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, Rovereto. Colección Vaf-Stiftung
Cañón en acción, 1915 Cannon in Action Óleo sobre lienzo. 50 x 60 cm Mart - Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, Rovereto. Colección Vaf-Stiftung
Gino Severini
 
 
El loco, 1916
The Madman
Óleo sobre lienzo. 198,5 x 119,5 cm
LWL-Westfälisches Landesmuseum für Kunst und Kulturgeschichte. Westfälisches Landesmuseum, Münster
El loco, 1916 The Madman Óleo sobre lienzo. 198,5 x 119,5 cm LWL-Westfälisches Landesmuseum für Kunst und Kulturgeschichte. Westfälisches Landesmuseum, Münster
Heinrich Maria Davringhausen
 
 
La guerra santa, 1915-1916
The Fallen Man
Bronce. 77 x 239 x 83 cm
Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie, Berlín
La guerra santa, 1915-1916 The Fallen Man Bronce. 77 x 239 x 83 cm Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie, Berlín
Wilhelm Lehmbruck
 
 

El Thyssen reúne lo mejor del arte en la Gran Guerra

Madrid acoge la grandeza de las Vanguardias europeas durante la I Guerra Mundial bajo el título ¡1914! La Vanguardia y la Guerra

Pocas veces una muestra de arte ha recogido con tanto esplendor, y al mismo tiempo crudeza, el impacto que supuso la I Guerra Mundial en los artistas europeos de principios de siglo. Más allá de la conmoción sobre sus vidas personales, el conflicto repercutió de forma decisiva en sus creaciones y en sus concepciones estéticas. Gracias a esta exhibición descubrimos cómo la producción artística de Franz Marc, Egon Schiele, Otto Dix, Natalia Goncharova, Umberto Boccioni o Jacob Epstein, entre otros, conservó para la posteridad su vivencia personal del conflicto.

El impacto que la nueva exposición del Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid “¡1914! La Vanguardia y la Guerra” ejerce en el visitante es indescriptible. La reunión de tantas obras maestras de las Vanguardias históricas en un mismo lugar, en conjunción con el momento histórico en el que fueron producidas, es decir, la I Guerra Mundial y los años inmediatamente anteriores y posteriores, hacen que esta exposición remueva tanto la conciencia artístico-estética del que la contempla como sus valores y su posición ante los conflictos armados pasados, presentes y futuros. Además, permite contemplar las diferentes posturas que registraron las Vanguardias ante el conflicto: futuristas, expresionistas, cubistas... todos ellos nos hablan de la guerra a través de sus creaciones.

La exposición, acompañada en todo momento por textos y poemas que ayudan a comprender el sentimiento de los artistas en aquel momento, se inicia en el Museo Thyssen Bornemisza con una primera parte llamada “El oscurecimiento del mundo”. El fatalismo reina en la sala, desde el cuadro de Egon Schiele, Pequeño árbol al final del otoño (1911), en el que el autor logra transmitir mediante tan sólo un árbol y sus ramas, el terror y fatalismo ante la proximidad de la catástrofe inminente, hasta las sombras de la tragedia que sobrevuelan el paisaje de Otto Dix, Amanecer (1913), cuyos cuervos parecen portar el mensaje de la muerte. También la temática y las tonalidades de la obra de Franz Marc, Los lobos (Guerra de los Balcanes) (1913), más oscuras que de costumbre, nos recuerdan la tragedia humana de la segunda guerra de los Balcanes. Es también Franz Marc, sin embargo, el protagonista de la siguiente sala, “La Segunda Visión”, en la que sus tres obras, El sueño (1912), Caballos y águila (1912) y Montañas (originalmente, Paisaje) (1911-1912), parecen ofrecer la esperanza aún no perdida de que una realidad diferente era posible, tanto artísticamente como a nivel político. La naturaleza es así mismo protagonista en las obras de Brancusi (Maiastra, 1912) y Goncharova (Paisaje rayonista. El bosque, 1913), cuya experimentación formal se hace evidente, lo que también sucede en la impresionante Localización de móviles gráficos I (1912-1913) de František Kupka.

En la tercera sala de la exposición, bajo el título “Últimos días de la humanidad”, encontramos cómo los artistas transmiten fuerza revolucionaria y convulsa que impulsa a sus movimientos artísticos. En la magistral Reyerta en la Galería (1910) de Giacommo Balla queda plasmada la violencia y el alboroto que caracterizaba las expresiones artísticas futuristas y su espíritu pro-bélico, pero también en La ciudad (1913) de Jakob Steinhardt, el Paisaje Apocalíptico (1913) o La casa de la esquina (La villa Kochmann, Dresde) (1913), estas dos últimas de Ludwig Meidner, podemos sentir el espíritu trágico y convulso de las ciudades europeas en los instantes previos a la guerra. Mientras tanto las vanguardias continúan en ese largo viaje hacia un nuevo lenguaje que culminará en la abstracción. El jinete, metáfora de ese avance formal y símbolo preferido de los expresionistas del grupo Die Blaue Reiter (El jinete azul), se configuró como emblema de la trayectoria de la vanguardia y se convierte en el protagonista absoluto de la sala 4: “La vanguardia a caballo”. En ella, junto a la célebre obra de Kandinsky, Lírico (1911), estrella del conjunto, encontramos obras tan sublimes como El príncipe y la jauría (1912) de Amadeo de Souza-Cardoso, Húsares al galope (1913) y Húsares (1914), ambas de August Macke, o la impresionante Elasticidad (1912), de Boccioni.

En esta experimentación formal en la que se introduce la vanguardia, juega un papel fundamental la aparición del Cubismo, y es precisamente su influencia en pinturas de carácter patriótico y militarista la que domina la siguiente sala (“Canción de guerra”). Las formas de la modernidad, las banderas de las diferentes patrias y los emblemas militares se mezclan en las obras de Marsden Hartley, La Cruz de Hierro (1915) o Fernand Léger, El catorce de julio (c. 1912-1913). El italiano Sironi, cuyos aviones aparecen ya en esta sala, juega un papel destacado en la siguiente, “Vórtice destructor”. En ella, la máquina, insignia de la modernidad, fetiche de los futuristas y protagonista sombría de la primera guerra mundial, es el nexo de unión de las pinturas presentes, entre las que encontramos las magníficas Cañón en acción (1915) de Gino Severini, La escalera (Segundo estado) (1914) de Mario Sironi o El Puente negro (1918), de Otto Dix. Impresionante sin duda la escultura de Jacob Epstein, Torso metálico de la "Taladradora" (1913-1916), que anticipa la estética del cyberpunk desarrollada en los años 80.

A continuación nos recibe una sala dedicada a las obras sobre papel de grandes creadores como Marc Chagall, Paul Klee u Ossip Zadkine. En ella, titulada “Carga de profundidad”, el mensaje de los creadores se aleja de la exaltación patriótica y de la modernidad para ejercer una crítica ante el conflicto, mostrando una cara más amarga de la guerra. Los soldados heridos, los ataques aéreos, la muerte... se convierten en protagonistas, anticipando lo que encontraremos en la 2ª parte de la exhibición, que se encuentra en la Fundación Caja Madrid. Pero antes de abandonar las estancias del Museo Thyssen, una última sala, “Guerra de las formas. Una estética de la desaparición” nos muestra el paulatino dominio de la abstracción como lenguaje formal en la mayoría de las diferentes vanguardias. Una vez más, Franz Marc se alza como uno de los protagonistas de la sala, con sus magníficas Formas rotas (1914), Pequeña composición III (c. 1914) y Formas abstractas II (1914). No hay que olvidar que este gran expresionista alemán militante del grupo Die Blaue Reiter murió combatiendo en Verdún en 1916 con tan sólo 38 años. También en esta sala, la Pintura con tres manchas (1914) de Kandinsky y la impactante creación de Pavel Filonov, La guerra con Alemania (1914-1915).

Al entrar en las salas de la Fundación Caja Madrid, el impacto en el espectador es, si cabe, aún más fuerte. Presidida por la obra de Kirchner La ducha de los soldados (1915), cuya visión hoy en día nos produce una inquietud en ningún caso injustificada, y la escultura en bronce El Caído (1915-1916) de Wilhelm Lehmbruck, la sala principal de esta parte de la exposición reúne una serie de obras que muestran con gran crudeza la peor cara de la guerra y sus consecuencias. Los títulos elegidos para esta parte de la exhibición no dejan indiferente: “El estigma de la condenación” y “C’est la guerre”. La inquietud de las obras de George Grosz, con las terribles Metrópolis (1916-1917) y Suicidio (1916), entre otras, es compartida por las impactantes visiones de la locura que genera la guerra que nos presentan Heckel (De un manicomio [El loco)], 1914) y Heinrich Maria Davringhausen (El loco, 1916). El sinsentido de la guerra, la sangre, las muertes, el caos... nos asalta una y otra vez en cada una de las obras que contemplamos, ya sean unas xilografías de Kirchner o el inmenso lienzo La guerra (1915) de Othon Friesz.

En las salas situadas al fondo del edificio se abordan diferentes aspectos de la relación entre el artista y el conflicto: en la sala izquierda, la sección “C’est la guerre” continúa con la presencia de las estremecedoras aguatintas de Rouault, los paisajes desoladores de Valloton (Altos de Bolante, Argonne, 1917 o Verdún, 1917) o el inquietante Baile en Zurich (1915) de Marcel Janco. En “Artista y soldado” los retratos seleccionados recogen magistralmente la experiencia y miedos del artista en cuanto a combatiente o simplemente víctima del conflicto. Así, se autorretratan en sus uniformes de soldados (Autorretrato como soldado, 1915, de Kirchner), enfermeros (Autorretrato como enfermero, 1915, de Max Beckmann) o civiles, pero también capturan a los personajes individuales de la sociedad que les rodea: otros artistas, soldados, prostitutas...

Situada bajo esta estancia está la sala titulada “Apocalipsis de nuestro tiempo”, que recoge la visión más mística y religiosa del conflicto, y en la que la protagonista clave es la serie de magníficas litografías de Goncharova, La guerra o Imágenes místicas de la guerra (1914), que aúnan la pintura rusa más tradicional con los avances del cubofuturismo. Finalmente, en la planta superior, “Cubismo en las trincheras”, se reúnen las obras que diferentes artistas produjeron mientras estaban en el frente. Así, esta parte final de la exposición recoge los Cuadernos de guerra de André Mare, que compaginan sus experiencias en las trincheras con bellísimas acuarelas futuristas; los poemas de Apollinaire, escritos mientras convalecía en un hospital de heridos de guerra y dedicados a su novia ; las magníficas esculturas de Henri Gaudier-Brzeska, caído en el frente poco después; y obra sobre papel de artistas procedentes de todos los bandos de aquella Guerra Mundial, como André Fraye, Fernand Léger, David Bomberg, Wyndham Lewis, Otto Dix y Mario Sironi, entre otros.

En resumen, “¡1914! La Vanguardia y la Gran Guerra” es una exposición irrepetible que no dejará indiferente a ninguno de sus espectadores. Se puede visitar hasta el 11 de enero en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid.

Martes a domingo, de 10 a 19.

Museo Thyssen-Bornemisza.

Paseo del Prado, 8. 28014 Madrid.

Fundación Caja Madrid

Plaza de San Martín, 1. 28013 Madrid

Alma Obregón Fernández

 

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